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Luis Guillermo Echeverri: La fiebre por Petro es peligrosa para las libertades sociales de nuestra democracia.

Cuenta que el accidente en aquel juego de polo en el que participaba unas semanas atrás habría podido ser mucho peor. Igual, no le queda de otra que varias horas diarias de terapia a lo largo de los próximos meses, si quiere volver a hacer lo que más ama en la vida: subirse a un caballo.

Pero no duda de que así será, porque insiste en que las caídas sirven sobre todo para volver a levantarse. Quien lo afirma es Luis Guillermo Echeverri, a quien sus conocidos conocen como Luigi, durante ocho años el jefe de Iván Duque en el Banco Interamericano de Desarrollo.

No falta quienes lo describen como el poder detrás del trono, la persona que sin estar en la nómina oficial tiene más ascendiente sobre el presidente de la República. Dice que no es así, sino un amigo leal que en ocasiones hace planteamientos en defensa de quien considera un mandatario excepcional, injustamente caracterizado.

Indudablemente, su cercanía con el poder no le es ajena. Su padre, Fabio Echeverri Correa, no solo fue entre 1974 y 1991 un legendario presidente de la Andi –el gremio privado más importante de Colombia–, sino que se convirtió en cercano consejero de Álvaro Uribe Vélez, durante sus dos mandatos.

Vive en la Sabana de Bogotá, pero no esconde las raíces paisas, incluyendo su manera directa de hablar. Aunque lo han tentado con cargos, solo aceptó integrar la junta directiva de Ecopetrol –que preside–, porque considera que le hace un servicio al país. Es, en otras palabras, el presidente de la junta de la empresa cuyo socio mayoritario es la Nación y que es la más grande del país, tanto en ventas como en utilidades.

Sobre ese y otros temas dialogó con BOCAS.

¿Qué lecciones útiles para la vida le han enseñado los caballos?
Los caballos han sido mi vida y mis maestros desde que nací, pues me han llenado de satisfacciones y de buenos amigos en todas partes. Los caballos me enseñaron a estudiar y a entender el arte de la equitación, del rejoneo y la tauromaquia como representación y filosofía de la vida. Gracias al amor por los caballos he tenido mentores que me enseñaron a vivir y a consolidar los valores y principios que vi en mi familia. Los caballos demandan de las personas la justa medida de orgullo y humildad. A mí me enseñaron a luchar con nobleza, el valor de la paciencia, la fuerza de la determinación, y que el valor no es otra cosa que entender cómo poder superar y vencer el miedo mediante disciplina, preparación, constancia y persistencia. Los caballos me siguen enseñando que todo tiene una lógica y cómo cometer menos errores.

¿Lo han tumbado de la silla muchas veces?
Infinidad de veces. Son seres vivos unas siete veces más fuertes y poderosos que el hombre. Cada que cometemos un error, vamos a parar al suelo. Ser buen jinete es comprender cómo comunicarse con los caballos con sensibilidad, algo que nunca se termina de aprender. Hoy me estoy recuperando de un golpe muy duro por un error que cometí. Estoy dándole gracias a la vida que no me maté y solo me tuvieron que reemplazar dos discos de las vértebras. Es parte del oficio.

Trabajó muy fuerte por su carrera en el mundo del rejoneo…
Trabajé siempre con mucha pasión, dedicación y disciplina de 1975 a 1986. Tuve mucha suerte y lo disfruté a plenitud mientras pude. Poco después de haber empezado, aquí en Colombia, viajé a España y conocí a quien ha sido mi maestro y mentor en la vida, en el rejoneo y en la doma, don Gregorio Moreno Pidal, a quien quiero como otro padre. Con él aprendí muchísimo en materia de doma y de cómo entender y lidiar el ganado bravo. Para mí, el rejoneo es mi escuela de vida. Aprendí que al toro hay que ir de frente y adentro y que el mundo se divide en dos: los que se ponen delante y los demás.

¿Cómo fue eso?
Logré rejonear al lado de los mejores del mundo. Fueron muchas horas de preparación. Domé siempre yo mismo mis caballos y ellos me enseñaron a entender el toro y el público. Montaba más de 12 horas al día e hice una entrañable amistad que aún conservo con quienes eran las grandes figuras de la época, Moura, Caetano, Domecq, Vidrié, Buendía y Arranz. Gracias a ellos aprendí el oficio y pude tener una carrera llena de satisfacciones. Hoy tengo una relación de hermandad muy profunda con Pablo Hermoso de Mendoza quien, para mí, ha sido el mejor de todos los tiempos.

Luis Echeverri
Foto: Pablo Salgado

Se graduó como abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana, y luego hizo una maestría en economía agrícola en la universidad de Cornel, en los Estados Unidos.

¿Qué pasó?
La razón por la cual tuve que dejar mi profesión fue un asunto de principios y ética de trabajo. Me opuse a alternar con delincuentes y al ingreso del narcotráfico al mundo de los toros. Ello me costó que me buscaran para matarme y nos quemaran la casa. En ese momento había formado una familia y, como muchos, migré a los Estados Unidos a empezar una nueva vida y a prepararme académica e intelectualmente para cumplir mis responsabilidades como padre, teniendo que dejar el arte que aún considero mi verdadera profesión.

¿Cómo fue ese proceso de desarraigo obligado de Colombia?
No fue fácil. Amenazados de muerte en el Medellín de 1986, viajamos a Miami y allí nació nuestra segunda hija. En aquella época no había asilo político para personas perseguidas por el narcotráfico, así que me dieron una visa humanitaria. Quise trabajar con caballos, jugando polo o como instructor y aunque hubo ofertas, no se concretaron bien las cosas. Entendí que tenía que estudiar y prepararme más, y un gran amigo me invitó a llegar hasta la Universidad de Cornell. Me fasciné con el sistema universitario americano, volví a escribir mi tesis, que me la habían quemado con la casa, para poder graduarme en derecho. Gracias a la disciplina que me dio el rejoneo me propuse estudiar más horas que todos los demás y tuve la gran suerte de ser aceptado seis meses después para trabajar y hacer una maestría en el departamento de Economía Agrícola de esa universidad, que es el más reconocido en el mundo. Allí conocí a otro gran mentor en mi vida, el profesor Daniel Sisler, un hombre que quedó ciego durante la guerra de Corea, un coloso lleno de humanidad y sabiduría, cuya mente veía más lejos y más adentro que la de cualquier persona vidente.

¿Qué hizo después?
Trabajé como consultor independiente y otro tiempo para Jorge Cárdenas Gutiérrez, a quien le debo muchísimo, al igual que en Proexport. En 1999 fui empresario en la burbuja de internet, construí un portal B2B llamado amarillas.com, y luego creé una empresa para desarrollo de software y aplicaciones digitales. Durante 20 años, entre los estados de Florida y Virginia, siempre domé caballos en las madrugadas para venderlos y poder darles a mis hijos una mejor educación.

¿Qué agradece de haber tenido que vivir en Estados Unidos?
Haber aprendido que en la vida las personas valen por sus realizaciones, no por sus apellidos o la familia a la cual pertenezcan. Que la suerte se suda y se labra y, lo más importante, aprendí el valor de ser empresario, de dar empleo y de poder armar equipos de trabajo con personas más capaces y más inteligentes que uno. La vida allí fue siempre una serie de nuevos retos y ventanas al mundo en un momento en que todo se transformaba en materia de conocimiento, comunicaciones, ciencia y tecnología. Colombia cambió y el mundo también. Aquí la que no cambia es una clase política que sigue proponiendo y eligiendo los mismos y no a los mejores profesionales que tiene el país, y que como alternativa solo propone la versión clientelista del narcoterrorismo.

¿Por qué decidió aceptar el cargo de representante de Colombia ante el BID?
Siendo yo crítico de la forma en que aquí se ha ejercido la política, me admiró mucho el trabajo que hicieron juntos el doctor Álvaro Uribe y mi padre en el 2002. Ayudé un poco en lo que estaba a mi alcance y se dieron dos circunstancias: después del 11 de septiembre del 2001, los Estados Unidos cambió y las pequeñas empresas que éramos pioneras en tecnologías relacionadas con internet perdimos los clientes y las oportunidades de mercado; y por mi padre conocí las dificultades macroeconómicas de las cuentas que recibía el gobierno Uribe, pues los mercados financieros estaban cerrados para el país. Así que hablando con ellos dos sobre la necesidad de gestionar financiación, Uribe me ofreció irme como director ejecutivo al BID, donde había una tarea importante por hacer en materia de renegociación y consecución de fondos para que el país pudiera atender la deuda. Me pareció interesante poder aprender sobre banca de desarrollo, así que asumí esa responsabilidad con total compromiso con el banco y con Colombia y tuve la suerte de entablar allí una gran amistad con Enrique Iglesias, el apóstol del desarrollo más grande que ha tenido este hemisferio.

¿Cómo se conoció con Iván Duque y cómo era el sistema de trabajo que tenían?

Antes de llegar al BID fui a Washington a tratar de encontrar dónde vivir en el campo, cerca de la ciudad. Me puse una cita con Duque, a quien no conocía. Nos encontramos en el parque que está al frente de la Casa Blanca. Allí él me llevó una presentación completa sobre el grupo BID y su relación con Colombia. Me pareció un joven brillante, muy profesional, culto e instruido para solo tener 25 años y me dio la sensación de que, a pesar de ser y venir de ambientes muy diferentes, nos podíamos complementar muy bien. El sistema de trabajo juntos siempre fue muy fácil, se fundamentó en mutua confianza y respeto con total transparencia y apertura. Yo hacía mi parte como director y él realizaba el trabajo técnico. Ambos diseñábamos las estrategias. Siempre fuimos un equipo que se repartió las cargas y las responsabilidades. Fue un gusto contar con un compañero mucho más joven, pero académica y técnicamente mucho más preparado y mejor que yo.

Luis Echeverri

Luis Echeverri sufrió un duro accidente –por el que le tuvieron que reemplazar dos discos de las vértebras– mientras jugaba polo.Foto:

Pablo Salgado

Él se decidió por la política. ¿No le tentó hacer lo mismo?
No, nunca. Yo les he tenido aversión a las corbatas, lo cual no quiere decir que no me las ponga cuando es necesario. Es curioso, Iván Duque desde niño tuvo el deseo de ser un gran estadista, así como yo tuve la aspiración de dedicarme a llegar lo más lejos que pudiera profesionalmente como equitador y domador de caballos. Son dos visiones totalmente opuestas de la vida. El primer día de trabajo formal en el Banco, Iván me invitó a almorzar. Al pasar la calle me preguntó que yo qué pensaba de la política. Le contesté que no me gustaba, que yo no era político ni había ido al BID con miras a hacer carrera política. Él me expresó que tenía la aspiración de participar en algún tipo de comicios de elección popular en el 2022. Yo le contesté que yo no sabía por qué, ni para qué en Colombia una de cada dos figuras políticas quería ser presidente, si eso solo servía para ganarse problemas, incomprensiones y mal agradecimientos.

¿Le dio algún consejo?
Le dije que para que a uno lo respetaran en la política colombiana solo había dos formas: tener suficiente manera de pagarse sus propios gastos sin deberle a nadie, para lo cual a él, viniendo de una familia acomodada no le alcanzaba; o capacitarse tanto que pudiera tener un capital de conocimientos diez veces más grande que el de todos sus competidores. Y la verdad, Iván, sin hacer política en los ocho años que pasamos en el BID, se dedicó a prepararse intelectualmente aprovechando a fondo su gran capacidad mental y sus virtudes y condiciones humanas, para formarse a sí mismo y poder llegar por mérito propio hasta donde ha llegado.

Aspiró a la gerencia de la Federación de Cafeteros. ¿Por qué y cómo tomó el no haber sido escogido?

Siquiera eso no se dio. Resulta que un día Iván Duque, que conocía mi amor por el campo colombiano y por la cultura cafetera colombiana, me dijo que por qué, si ese año ya terminábamos en el BID, no me postulaba a la gerencia de la Federación. Yo hice la consulta y generosamente el doctor Uribe nos incluyó en la terna a mi amigo Juan Guillermo Ángel y a mí. Hice la tarea, me recorrí el país cafetero hablando con los comités departamentales. Presenté mi propuesta de devolverle a la institución, la cooperativa agrícola más grande del mundo, el espíritu federativo que había perdido. Lo propio hizo don Juan con sus ideas. Pero se interpusieron Juan Manuel Santos y Gabriel Silva Luján y convencieron al gobierno de Uribe, representado por el ministro de Hacienda y el director de Planeación, de la importancia de dejar allí un propio de su confianza. Yo tenía aún puesto en el BID y una tarea importante por terminar. Así que volví a Washington y salí de allí el primero de noviembre del 2010.

¿A qué se dedicó desde su regreso a Colombia?
Esencialmente a disfrutar del placer de vivir al lado de mi padre y aprender mucho de él en los últimos siete años de su vida. En ese momento también me dediqué a rehacer mi vida al lado de quien es hoy mi señora, y tuve la gran oportunidad de acompañar durante cuatro años al expresidente Uribe en sus correrías internacionales dedicadas a la defensa de la democracia en la región y a la promoción de Colombia como destino de inversión. Al lado de mi padre me dediqué a la cría y doma de caballos y a realizar algunas asesorías internacionales por fuera del país. En el 2012, asumí como trabajo voluntario la Presidencia de la Asociación Primero Colombia, entidad dedicada desde el 2010 a la formación de líderes y a la promoción de valores democráticos.

Fue gerente de la campaña de Iván Duque. Cualquiera habría pensado que el siguiente paso era saltar el Gobierno…

Aunque nadie me creyó, desde el primer día que hablamos Iván Duque y yo sobre su oportunidad de aspirar a una campaña presidencial, le dije que con gusto haría la gerencia, bajo condiciones que acordamos y teniendo claro que yo no comprometería mi independencia aceptando cargo alguno en su gobierno. Desde entonces, por tres años, trabajamos juntos en estructurar un equipo pequeño y apolítico, una estrategia, una metodología de trabajo, una arquitectura digital y unas políticas de manejo de campaña. A principios del 2015, ya se percibían señales en la gente sobre la necesidad de que Colombia encontrara nuevamente, como lo hizo en el 2002, una figura diferente y preparada, que refrescara la competencia por el manejo del Estado y retomara el camino de desarrollo que marcaron las dos administraciones de Uribe, que el gobierno de turno, elegido con ese ideario, ya había dejado de lado, concentrándose en el tradicional imposible de negociar con las cabezas terroristas del crimen organizado. Yo trabajé como gerente de la campaña, el empalme y la posesión hasta el 7 de agosto a las 6 p. m. Ese día volví a mis asuntos privados.

¿Cómo es la relación de ustedes dos ahora?
Como siempre, una relación de amistad verdadera, lo cual exige un gran respeto mutuo. Una independencia en todos los sentidos y sobre todo transparencia y sinceridad. Yo diría que con diferencias por la forma de ser y de ver las cosas de cada uno. Es una relación en los mismos términos que con el doctor Uribe y en general con todas mis amistades. A Uribe y a Duque les expreso con franqueza mis puntos de vista conceptuales cuando ellos me lo requieren. Conozco, quiero y estimo a sus familias en el plano personal y prefiero mantenerme al margen de las decisiones que ellos tomen como líderes políticos. Aprendí de mi padre que los amigos estamos para ayudar en los momentos difíciles y yo lo hago a mi manera, escribiendo de cuando en cuando y cumpliendo independientemente con los encargos fiduciarios que tengo en los consejos directivos a los que pertenezco.

¿Cuál es su reacción cuando lo pintan como “el poder detrás del trono”?
Si algo le aprendí a mi padre es la importancia de mantener la independencia de pensamiento y obra. Eso del poder detrás del trono es un artilugio que se inventaron algunos comunicadores que viven del chisme y la comidilla politiquera. Hay muchos desinformados que creen que por tener una amistad sólida y de vieja data o coincidir ideológicamente, yo tengo por oficio estar metido en lo que denominan el poder presidencial. Iván Duque no necesita madrino. Es un hombre sensato, inteligente, formado, determinado y completamente autónomo en sus decisiones. De mi parte siempre tendrá un consejo sincero y claro cuando me lo pida, pero nunca podrá decir que yo me meto o participo en sus determinaciones ni que me muevan intriga o zalamería.

Está en la junta de la Cámara de Comercio de Bogotá y en la de Ecopetrol. ¿Por qué aceptó ambos encargos?
Acepté ir a la Cámara, la cual presidí solo durante un año, justo el de la pandemia, pues vi que allí podía aportarle ideas a una ciudad–región que representa el 27 por ciento del PIB nacional. En febrero del 2019 acepté ayudarle al presidente de la República a conformar un equipo directivo para Ecopetrol, de personas con gran trayectoria. Fue así como por solicitud de las personas elegidas resulté recibiendo el honor de realizar la conducción de las discusiones que ocupan ese directorio. Encontramos un gran equipo administrativo encabezado por Felipe Bayón y hemos logrado trabajar mancomunadamente con total confianza y transparencia para lograr los resultados entregados a la nación y a los accionistas minoritarios durante los ejercicios reportados en 2020 y 2021.

Luis Echeverri
Foto: Pablo Salgado

Luigi Echeverri fue el gerente de la campaña del presidente Iván Duque

En varios de sus escritos salta a la vista una especie de frustración frente a las críticas que recibe el presidente…
Más que frustración, destaco el trabajo de Duque y critico la mediocridad que hay hoy en el liderazgo político e institucional del país. Aunque pienso y obro muy diferente a Duque, mi carácter fue forjado por el ejemplo de un guerrero que siempre fue justiciero y nunca se quedó corto en reconocer lo correcto y lo que es incorrecto. Yo aprendí en el toreo que una cosa dicen los críticos desde un burladero y otra es la realidad que impone el toro en la plaza. Para construir hay que empezar por reconocer lo bueno y seguir. Y la propuesta de Duque ha sido siempre la misma, trabajar honorablemente con la mayor voluntad de servir en construir un mejor futuro para toda la sociedad colombiana bajo tres principios elementales: legalidad y emprendimiento en función de mayor equidad. Lo admiro muchísimo. Lamento, eso sí, que tenga que irse. Si existiera la reelección, no dudo de que reelegirían a Duque.

¿En qué cree que se ha equivocado el Gobierno?
Los humanos siempre nos equivocamos. Nadie puede reclamar ser la excepción. Pero no puedo calificar como equivocaciones la forma en que ha sorteado las circunstancias adversas que le han tocado por el hecho de que alguien piense que lo hubiese hecho de forma diferente. Duque es sensato y cauto, trabajador, consistente, honorable, y se empeña siempre en obtener resultados tangibles. Creo que su devoción por la democracia perfecta y el respeto a la legalidad y la institucionalidad lo han llevado a cumplir todas las reglas, teniendo que convivir con los estupros constitucionales que heredó en el momento de hacer su juramento.

¿A qué se refiere?
Reconozco que se sale de sus posibilidades enmendar temas forzados en contra de la voluntad del constituyente primario como los acuerdos de paz, el establecimiento de la JEP como justicia paralela y la comisión de la posverdad. Pero es que a ningún otro país del mundo se le ocurre mandar a reformar la Constitución al antojo de terroristas en una dictadura como la cubana y bajo la supervisión de otra dictadura como la venezolana. Creo que Duque ha confiado demasiado, porque es una persona netamente buena, pero algo es claro: no vende ni compromete sus principios, y por ello se ha mantenido en no negociar con el terrorismo. Ha cargado con el costo político de errores involuntarios en la selección de algunos funcionarios. Tampoco le ha quedado fácil encontrar cooperación de los otros poderes del Estado en materias que demandan unidad de propósito nacional, pero que tristemente hoy atienden más a asuntos ideológicos, egolátricos o de intereses personales. Ha sido demasiado respetuoso con todos los actores políticos, con funcionarios regionales y líderes institucionales que es más lo que estorban que lo que ayudan. Duque es hombre que inteligentemente busca soluciones en lugar de entrar en confrontaciones directas. Unos lo vemos como defecto, pero al final de cuentas reconozco que representa una virtud. A veces se toma mucho tiempo para discernir bien las cosas y tomar decisiones, pero por lo general cuando lo hace le sale bien. A mi juicio, ha sido muy condescendiente con muchas personas que por razones que desconozco no lo han tratado bien, ni a él ni a su gobierno ni a su familia.


¿Piensa que ha habido una conspiración en contra de Duque?
Las personas a las que derrotó en las urnas por mucho más de dos millones de votos y que desde ese entonces declararon que se dedicarían a sabotear su gobierno en la calle, son los mismos responsables de la violencia que podemos llamar “la primavera colombiana”. Los mismos que crearon todos los disturbios violentos, que fabricaron las falsas narrativas y trataron por todos los medios de bajarlo del poder y no lo consiguieron. Por otro lado, los expresidentes y algunos gremios lo dejaron solo. A Duque no le perdona ni le perdonará el poder capitalino haberse elegido apoyado por Uribe, con quien, gústele o no a quien sea, tiene una genuina coincidencia ideológica en materia social y han demostrado que cuando trabajan unidos son una yunta imparable. Yo realmente no comprendo cómo los delincuentes autores intelectuales que incendiaron el país en abril y mayo del 2021 no han sido llamados a responder por los daños y las pérdidas causadas por las autoridades competentes.

¿Comparte la opinión de que la polarización entre Santos y Uribe acabó haciéndole un favor a Gustavo Petro?
No. Lo de la polarización es un comodín mediático que vende. “Aquí desde que se inventaron las disculpas a los gatos los amarran con longaniza”. Santos desde el 2014 es aliado de conveniencia de Petro y las Farc. Lo que pasa es que socialmente le da vergüenza decirlo en público. Como el gato, tiene la maña de que todo lo que hace se quede escondido. Lo que aquí llaman polarización, realmente nace es de la competencia de egos entre personajes como Santos y Pastrana, amigos y enemigos según conveniencia. Algo que no es inédito en una política centralista, marcada por feroces antagonismos históricos entre liberales y conservadores, que como a los zombis de las películas, aunque los maten, no mueren.

¿Cómo ve las posibilidades de Petro?
La fiebre por Petro es ilógica, peligrosa e inconveniente para las libertades sociales de nuestra democracia. Es el producto del populismo que se aprovecha de la ignorancia en una era de descontento social generalizado en toda nuestra región, y más que nada, existe por la incapacidad de los partidos y las instituciones de defender la libertad y los valores democráticos frente a la corrupción clientelista asociada con el crimen organizado encabezado por el narcoterrorismo comunista.

¿Y de Federico Gutiérrez?
Primero, quiero señalar que lo que hizo Óscar Iván Zuluaga al apoyarlo me pareció un acto de patriotismo coherente, de los que uno normalmente ve en culturas políticas desarrolladas, sin ego ni arrogancia ninguna. Segundo, que las opciones ahora son la opresión totalitaria de Petro o el camino de mantener la democracia en función de libertad, igualdad y fraternidad con Federico Gutiérrez. Necesitamos un presidente honorable y responsable. Claramente voy a votar por esa opción.

¿Qué se juega Colombia en estas elecciones?
Todo. La libertad. Se construye futuro con los mejores hombres, no con discursos lisonjeros inspirados en el resentimiento y el odio de clases, ni con amenazas terroristas. Se construye futuro agregando valor por medio de la formación de inversión y capital, que es la única forma de generar empleo y de dar educación, las únicas dos vacunas que existen contra la pobreza. Se construye futuro con liderazgo y trabajo en equipo en favor de todos los ciudadanos, no de fragmentos o segmentos de la población. Se construye futuro realizando cambios transformacionales soportados en los logros ya adquiridos, que no por medio de revoluciones que destruyen valor y luego no tienen con qué edificar nada. Colombia se juega la posibilidad de ser un nuevo polo de desarrollo global que le dan la capacidad emprendedora y laboriosa de sus gentes, su diversidad, su geolocalización estratégica, su abundancia de agua y recursos naturales, su importancia para el mundo en materia ambiental a partir del camino recorrido. Colombia se juega 210 años de libertad y vida republicana y constitucional, pues la elección de un populista indefectiblemente lleva al totalitarismo. Es como tirarse al abismo sin paracaídas.

Es sabido que usted mira experiencias de otros países que se podrían aplicar en Colombia. ¿Qué ve que no estamos haciendo?
Colombia cuenta con todos los elementos físicos para entrar fácil en un grupo de países que, como Corea, Singapur y los Emiratos Árabes, se convierta en un hub natural regional y global, y ello consolidaría su desarrollo. Pero aquí no logramos unidad en el propósito nacional de respeto al imperio de la ley y devoción por el desarrollo económico que debe tener un país de ingreso medio, con posibilidades de atracción de conocimiento, talento e inversión global.

¿Le quita más el sueño lo que pasa en el mundo o en el país?
Las dos. En un mundo interconectado globalmente es muy difícil separar lo uno de lo otro. Los líderes mundiales deberían ver en el microscopio colombiano la magnitud de los problemas contemporáneos que en otras sociedades desarrolladas pasan más desapercibidos, pero en esencia son los mismos. Me duele ver a toda nuestra región escasa de líderes estructurados, tragándose la cuchara y el anzuelo revolucionario fundamentado en la creación de odio y resentimiento, en lugar de estar contrayendo procesos transformacionales.

¿Qué enseñanzas de su papá recuerda con frecuencia?
El genio viene en el ADN, pero el carácter de las personas se forja en el ejemplo que se ve en el hogar. A mi padre no le faltó carácter, franqueza, independencia, compromiso con su país, capacidad de dirección, y mucho menos empeño y determinación. De él aprendí que la honorabilidad no se quebranta, los principios no se negocian y las responsabilidades no se eluden. Que las personas son nobles o ruines y mañosas por naturaleza, independientemente de su condición económica o social. Que ser inteligente es aprender de los errores de los demás sin tenerlos que cometer uno mismo. Que nadie se condena a sí mismo con la verdad. Que uno siempre tiene que saber con quién se relaciona y conocer lo que él llamaba “historia municipal”, para no dejarse joder en la vida. Que siempre hay que hacer el bien, lo correcto y proteger a los indefensos, sin importar el costo personal que ello implique. Que las personas valen por sus realizaciones y por la forma sencilla e igualitaria en que traten a los demás.

¿Hay motivos para mantener el optimismo?
Todos. Muchos. Yo creo que en algún momento el conocimiento lleno de ciencia y tecnología le va a ganar la mano a la ineficiencia de las clases políticas y vamos a encontrar otra manera de preparar, capacitar, evaluar y elegir a quienes tienen la responsabilidad de manejar lo de todos. Sin optimismo no hay esperanza. Y hay que confiar en la sabiduría popular de una nación que ha sido siempre libre, emprendedora, trabajadora, creativa y en general honorable. El discurso debe versar sobre cómo solucionar los problemas cotidianos de las personas poniendo al servicio de la nación sus mejores profesionales con optimismo. Eso es lo que necesita y quiere escuchar la gente. El país quiere ser optimista y eso es lo que demanda la mayoría. La clave es cómo llegarle con un producto auténtico y una historia que los mueva.

Por Ricardo Ávila 
Fotos: Pablo Salgado
Edición 115 Marzo- Abril 2022
Revista BOCAS

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